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Como les prometí hace algún tiempo, volvería para contarles la segunda parte de mi experiencia como impulsora de un «particular» Club de lectura. No voy a repetir las bases del club, pues el origen y demás explicaciones de esta iniciativa ya fueron debidamente redactados en la anterior entrada, Club de lectura en clase de ELE I.

No obstante, me gustaría recordarles brevemente las principales características del club: está formado por niños de elntre 5 y 11 años, procedentes de varios países tales como Rumanía, Marruecos o Lituania, con diferentes niveles de español que dependen del tiempo que llevan viviendo en el país; contamos con un libro de registro y cada miembro del grupo posee su propio carné donde apuntan sus lecturas, autores y opinión; y celebramos una sesión al mes, aproximadamente, que tiene que ver con un tema concreto y en la que llevamos a cabo diversas actividades, desde la propia lectura hasta actividades de comprensión lectora y otras complementarias, como el visionado de películas relacionadas con el texto.

Una vez conocemos o recordamos la situación, procedo a describir las últimas dos sesiones celebradas en nuestra clase de español como lengua extranjera:

  1. Dedicamos la tercera sesión a la poesía, concretamente, a la poesía de Gloria Fuertes. Escogí este género porque hasta ahora solo habíamos leído textos del género narrativo, y quería que mis alumnos tuvieran la oportunidad de conocer otro más. Continuando con esta tercera sesión, creo que no es necesario explicar por qué escogí la obra de esta autora para un grupo de niños. Es sencillamente maravillosa, y no solo para los niños. Seleccioné tres de sus poesías: Doña Pito Piturra, El dentista en la selva y La vaca llorona. Dividí a los chicos en tres grupos y asigné a cada uno una de estas lecturas, considerando la primera la de mayor dificultad. Tras la lectura, los grupos tuvieron que contestar algunas preguntas de comprensión lectora y, finalmente, escribir su propia poesía. Para ello, les pedí que se fijaran en las que habían leído y escribieran algo similar. Por ejemplo, a las chicas que habían leído Doña Pito Piturra, les pedí que pensaran en un nombre de personaje largo y extravagante, y en los complementos que podría utilizar y que pudieran rimar. Les invito a leer estos poemas para que comprendan que no es nada imposible hacer algo así. Otra compañera de profesión me recomendó otra actividad paralela que, aunque nosotros no pudimos llevar a cabo por falta de tiempo, me gustaría compartir con ustedes. Se trata de realizar caligramas, bien con las poesías de Gloria Fuertes, bien con las que ellos escriban. Es una actividad que suele gustar mucho a los niños y muy creativa.

  2. La última sesión, celebrada hace solamente algunos días, tuvo que ver con los cuentos de Ana María Matute. La elección de esta autora fue algo realmente personal, las lecturas que más recuerdo me marcaran de pequeña son obra de Ana María Matute. En su página oficial, pueden encontrar muchos de sus cuentos, además del audio de algunos de ellos relatados por ella misma. Escogí los cuentos El niño que no sabía jugar y El duende y el niño. Todos los alumnos contaban con las dos lecturas, aunque las actividades las llevaran a cabo en parejas. Casi siempre trabajan en parejas o en grupo, es como considero que mejor aprenden, pero éste es otro tema. Así, tras la primera lectura, llevamos a cabo algunas actividades de comprensión lectora y de vocabulario. Después, les entregué el segundo cuento con algunos huecos en los que deberían escribir algunas palabras que quería que aprendieran en especial. Para ello, escuchamos un par de veces el cuento en la voz de su autora.

Pues bien, ésta ha sido mi experiencia en nuestro Club de lectura de este curso. Seguramente vuelva a repetirlo, en cuanto caiga en mis manos otro grupo de ELE, y entonces podré añadir otras actividades, ampliar la variedad de lecturas, etc. La base está aquí, y esta primera experiencia ha tenido un resultado muy satisfactorio en mi clase. Estas sesiones, diseñadas para mejorar su habilidad lectora y mucho más, han logrado la motivación de mis alumnos hacia la lectura. Ya no ponían cara de aburrimiento cuando se trataba de leer forzosamente, porque no se trataba de eso, se trataba de «nuestro club»

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