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La semana antes de las vacaciones de semana santa, en abril, fui la encargada de impartir un taller de traducción para niños con motivo de la Semana Intercultural que se celebra cada año en el colegio Las Lomas. Nunca había hecho nada parecido. No se trata de un colegio desconocido para mí, puesto que trabajo desde el pasado curso allí impartiendo español para alumnos extranjeros como actividad extraescolar, además de acudir en más de una ocasión como voluntaria para llevar a cabo actividades inclusivas con los alumnos. Así, un par de semanas antes, hablando sobre los talleres que realizarían, me comentaron que aún necesitaban alguno más y que por qué no me encargaba de impartir uno sobre traducción. ¿Traducción para niños? ¿Están locos? Fue lo que pensé al principio, y dije que vería si era posible. Y sí que lo fue.

El colegio Las Lomas, en Roquetas de Mar (Almería), no es un colegio cualquiera. Se trata de uno de los centros con más alumnos de toda Andalucía. Además, estos alumnos provienen de más de treinta países diferentes. Así pues, no es de extrañar que se celebre esta Semana Intercultural desde hace ya trece años. Durante estos días, maestros, padres y alumnos trabajan para hacer del colegio un lugar donde se respire interculturalidad en cada rincón. Se colocan banderas y carteles en otros idiomas, realizan trabajos de investigación sobre otros países, se degustan comidas de otros lugares y, ahí entro yo, se llevan a cabo talleres durante el horario lectivo de los chicos. Este año, además, han contado con un planetario en el gimnasio a la hora del recreo. Volviendo a los talleres, estos tienen una hora de duración y pueden tratar cualquier tema, desde el estudio de una cultura en concreto, música de otros países (tambores africanos, por ejemplo), artísticos (cerámica o pintura)… En definitiva, cualquier tópico que tenga que ver con el intercambio de culturas y, sobre todo, que haga disfrutar a los niños. Mi taller, al igual que los demás, contaría con una hora de duración y estaría destinado a los alumnos de quinto y sexto de primaria. En total, siete clases repartidas en dos días.

¿Cómo nos entendemos?

El taller de traducción constaría de dos partes fundamentales: una exposición, no una en la que yo hablara sin parar, sino una exposición en la que constantemente participáramos todos; y una parte práctica, en la que deberían ponerse en la piel de un traductor o intérprete y reflexionar sobre el trabajo que tendrían que llevar a cabo. Durante la primera parte, mediante una presentación en PowerPoint, conseguí algunos de los objetivos que me había propuesto. Mediante sus propias experiencias y otros ejemplos que pudieran estimular su interés, conseguí que llegaran a ser conscientes de la importancia de esta profesión en el mundo hoy en día. Con «ejemplos que pudieran estimular su interés» me refiero a situaciones de traducción o interpretación que pudieran llamarles la atención de acuerdo con su edad: una entrevista a Justin Bieber (vídeo incluido), la traducción de facebook, los libros de Harry Potter y, por supuesto, el cine. Esta parte fue todo un éxito. Me resultó tremendamente difícil controlar su emoción cuando escucharon a Bob Esponja en inglés, o cuando vieron y escucharon en pantalla al cantante al que adoraban. Los niños ya sabían, por ejemplo, que este Justin hablaba en otro idioma, o que la mayoría de películas que ven están rodadas en otros idiomas, pero no eran conscientes de todo el trabajo que conlleva su traducción, o de que existen profesionales que se dedican exclusivamente a este tipo de trabajos. 

Una vez que ya conocían más de lo que muchos adultos saben acerca de la profesión, pasamos a la parte práctica. Hicimos grupos de alrededor de cinco alumnos cada uno, y a cada grupo le asigné un sobre. En este sobre se encontraba una situación de traducción o interpretación diferente con sus correspondientes preguntas de reflexión. En el exterior del sobre solo había escrito un número, cada grupo debería trabajar con su situación y después se compartirían experiencias. Gracias a este número, yo sabía a qué situación correspondía cada sobre y podía repartirlos de acuerdo con las características del grupo. Durante la exposición, ya había podido conocer más o menos los intereses de cada grupito. La primera situación de interpretación, por ejemplo, trataba de una entrevista que harían «Los Manolos» para su programa de deportes al futbolista Adebayor. Ahí explico que Adebayor lleva poco tiempo en el Real Madrid y quieren conocer su adaptación al club. El jugador procede de Togo, donde se habla francés. Y entonces es donde ellos deben reflexionar con preguntas como: «¿Cuánta gente estará involucrada en la entrevista?» «¿Qué conocimientos debe poseer el intérprete?» «¿Qué material necesitarán?» «¿Os parece un trabajo difícil?» Me interesaba especialmente que llegaran a la conclusión de que el intérprete no solo debía dominar el francés y el español sino conocer algunos aspectos básicos del fútbol. Otras situaciones de traducción o interpretación fueron la exportación de la serie «Patito Feo» a Estados Unidos y su necesidad de doblaje/subtitulado, la traducción de un videojuego o, algunos más «serios» como una cumbre entre representantes de varios países, o la invención de un coche ecológico por parte de unos científicos extranjeros. Todos funcionaron bastante bien. Por último, cada grupo expuso sus reflexiones sobre la situación con la que habían trabajado y todos aportaron también sus opiniones. Para conocer sus impresiones finales, les hice las tres últimas preguntas:

En cuanto a mis impresiones me quedo, en primer lugar, con lo divertida y enriquecedora que fue esta experiencia, que espero volver a repetir. No hubo lugar para el aburrimiento, cada clase era diferente y en cada una de ellas volvían a sorprenderme con sus ocurrencias. Me pareció muy interesante y creo que a ellos también, sobre todo porque el tema de los idiomas y las culturas no es para ellos nada extraño. Todos tenían algo que aportar, ya se tratara extranjeros que acababan de llegar al país, o los mismos chicos que habían nacido aquí que también tenían mucho que contar desde experiencias en sus viajes hasta su relación con los recién llegados y el acceso a la cultura (películas, por ejemplo). Así pues, no les extrañe que dentro de unos años entren en la facultad de Traducción e Interpretación un grupito de chicos roqueteros… Si no es así, al menos creo que he conseguido algo relevante, y es que sean conscientes del papel que juega esta profesión en esta «interculturalidad» que celebramos.

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