¿Hasta cuándo?

Ha pasado un tiempo desde la última vez que escribí en el blog. Realmente demasiado, de hecho no diré cuánto porque es obvio y porque me da vergüenza. No trato de justificarme ni de quejarme, pero la verdad es que los últimos meses no han sido fáciles para mí. En el aspecto laboral, he tenido algún que otro desencuentro que os contaré más adelante. Además, he decidido prepararme las oposiciones en el mejor de los años que, aunque no es mi único objetivo, ha sido un acierto hacerlo precisamente este año. En resumen, o no he tenido tiempo, o cuando lo he tenido, no me he sentido con los ánimos suficientes para escribir, aunque repito, no sea suficiente justificación. Pero ya era hora de retomar el blog, y un toque de atención mediante una nominación al Versatile Blogger Award (a la que ya responderé) me hizo «obligarme» a mí misma a hacerlo.

Con esta entrada quisiera manifestar una reflexión/preocupación que estoy segura también compartís, y que no deja de dar vueltas en mi cabeza, sobre todo en los últimos tiempos. Estos «últimos tiempos», sí, qué buena excusa para muchos de los que están arriba a costa de la gente honesta de este país. Así, en estos tiempos de crisis (quería evitar la palabra pero no he podido), todos parecemos querer arreglar el mundo. La conversación siempre es la misma, «lo que deberían cambiar es la justicia», «no, el sistema económico», «no, lo que está peor es…», y así sucesivamente. Pero, en lo que creo que la mayoría está de acuerdo, es en que la salud y la educación son dos asuntos básicos.

¿Me equivoco? Pues bien, parece que no todos piensan así, y últimamente muchos se están olvidando de este último asunto básico para cualquier país: la educación. De hecho, creo que la educación es el campo al que mayor importancia deberían dar los gobiernos y la sociedad en general. Es más, es la educación la que lo mueve todo. ¿Por qué? Sencillamente, porque es durante estos años de escolarización durante los que los chicos se forman como las personas que van a ser y cuando deciden qué camino tomarán, si el del éxito

Botín y su inglés

fácil en este país (igual a incultura más mentiras más «ni una chispa de vergüenza»), o al de la honestidad, responsabilidad y amor a tu trabajo. Que suena difícil, pero que no lo es tanto. Así pues, creo que el trato hacia el sistema educativo de un país dice mucho del mismo. Y en éste, precisamente, la educación no recibe un trato muy favorable y, que quede claro, no me refiero solo a estos años de crisis. Que yo recuerde, esto ha sido así siempre.

Para ilustrar esta reflexión, me gustaría compartir con vosotros algunos de los ejemplos que me hacen pensar así, relacionados con los agentes que más influyen en la educación. Algunos de estos ejemplos los he sufrido directamente y otros de forma más indirecta, pero los cuento todos desde mi experiencia:

  1. El centro, o todo lo que representa a un centro educativo. Es el primer lugar que debe transmitir una buena imagen: una imagen de respeto, de tolerancia, de cultura, en fin, de todo lo que significa la educación. Sin embargo, parece que no todos los responsables de centros educativos comparten esta opinión y están más preocupados en su propia persona o quién sabe en qué. Y que conste que no me refiero a centros privados, concertados o públicos en particular, sino a todos en general. Pese a que soy una gran defensora de la educación pública, he tenido buenas experiencias en centros de otra índole. Dejando claro este aspecto, continúo: no todos tienen claro que lo que dirigen es un centro educativo (= para educar) y no una empresa. Llegados a este punto, no tengo más remedio que daros a conocer mi experiencia en el Colegio Privado Julio César de Sevilla. En resumidas cuentas, este centro se dedica a contratar a gente y a no pagarles. ¿Que se marchan? Pues contratamos a otros, eso sí, en prácticas y cobrando una miseria, si tienen la suerte de cobrar el primer mes. Aunque no es ésta la única irregularidad que se comete en el centro, irregularidades que espero poco a poco vayan saliendo a la luz. Yo, como estuve poco tiempo, no tuve la suerte de conocerlas todas, pero hay quienes sí. No sé lo que pasará porque a veces parece que la justicia está a favor de este tipo de personas, pero de momento ahí está la mecha: http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=214798&i=118&f=0
  1. La familia. No trato de restar responsabilidad a profesores y demás responsables de un centro, pero los padres son esenciales en la educación de un niño. Por muchas horas que pasen en el colegio o instituto, al final, créanme, el niño va a acabar siguiendo el modelo que observe en casa. Y si los padres no se comprometen a trabajar conjuntamente con el colegio en la educación de su hijo, mal vamos. Volviendo al ejemplo del maravilloso colegio en el que trabajé hasta el pasado mes de diciembre, he podido leer comentarios en los que un familiar insta, básicamente, a que dejemos que los niños terminen tranquilamente el curso y los profesores no nos quejemos tanto. Es decir, padres para los que un centro educativo es simplemente un lugar donde poder tener encerrados a sus hijos.
  1. Los profesores. Sí, por supuesto que gran parte de la responsabilidad está en nosotros. Sin embargo, la opinión general entre la sociedad sobre este cuerpo profesional no se corresponde con la realidad. Por supuesto que los habrá vagos, sin vocación, e irresponsables. Como en todas las profesiones, pero la gran mayoría no tiene nada que ver con esta opinión generalizada. No importa donde trabajemos, privados, públicos, con niños estupendos o conflictivos, siempre intentamos sacar lo máximo de cada uno de ellos. Así que, por favor, empecemos a respetar a estos profesionales en cuyas manos está una parte importante del futuro de los jóvenes. Y, aunque no debería ser necesario que lo recordara, este respeto incluye, además de la colaboración con los profesores, un sueldo justo y a tiempo. Igual que cualquier profesional.

    Ni tanto ni tan poco

  1. La sociedad. Es decir, todos, todos. Aunque los agentes que más influyen en la educación puedan ser los profesores y familiares, todas las personas deberían ser conscientes de la importancia de una educación de calidad. Los medios de comunicación, a quienes no pretendo criticar puesto que simplemente es una reflexión, en primer lugar, deberían de tener una sensibilidad especial hacia la educación. Me vienen a la memoria las imágenes de Valencia, que creo no es necesario explicar a nadie, y algunos de los comentarios de la gente de la calle o de los mismos medios. Que algunos «no saben ni por lo que protestan», «que no deberían estar ahí», por ejemplo. De acuerdo, a esa edad, si hacemos memoria, nuestros pensamientos son algo confusos, pero ¿qué valores estamos transmitiendo si cortamos la libertad de expresión de estos chicos? La cuestión no es si son realmente conscientes, si después cambiarán de opinión o no, si deberían estar ahí o no, sino que en ese momento desean expresar algo y, mientras sea de forma pacífica, no veo razón para interrumpirles. No en un país democrático. Acabáramos.
  1. El Gobierno. Aquí tendríamos donde extendernos, gracias al inmenso poder que tienen, básicamente para hacer lo que les dé la real gana. No me voy a referir a un color ni a otro, ni a tiempos de crisis ni pasados, porque al fin y al cabo, en materia de educación, todos han mostrado el mismo respeto. No se trata simplemente de la falta de respeto a los mismos profesionales o a futuros profesionales, algo que no entiendo, porque con eso solo pueden minar la motivación de los mismos, lo que no va a mejorar la educación. Me refiero, también, a las leyes relativas a la educación. Por supuesto que se deben realizar mejoras siempre que se pueda, pero lo que no creo que sea para nada favorable al sistema es que éste se cambie cada vez que entre un nuevo gobierno. Simplemente para fastidiar al anterior, porque se trata de eso. Con este comportamiento, aunque estemos hablando de educación pública, solo consiguen acercarse al ejemplo número uno, el del empresario que solo piensa en su empresa.

Como veréis, todos estos ejemplos están relacionados entre sí, porque la educación es una tarea de todos y en la que todos debemos implicarnos en mayor o menor medida. Sin embargo, hasta que un país no es consciente de esto ni se implica como debería hacerlo, cada vez será más difícil salir de la crisis, de ésta o de otra, de avanzar en cualquier aspecto: social, científico, tecnológico, relación con otros países, bienestar… Y, si pensamos en el estado de nuestro país acerca de los aspectos que acabo de mencionar y de muchos más, no es difícil darse cuenta de que España, muy a pesar mío, todavía no se ha dado cuenta de la importancia de la educación. ¿Hasta cuándo va a ser así?

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Juegos malabares (con los idiomas)

Desde que estudio idiomas, varios idiomas, mi mayor miedo ha sido siempre el de olvidar la gramática o vocabulario de alguno de ellos, o perder la fluidez al hablarlo. Estoy segura de que no soy la única que ha tenido y tiene esta preocupación, segurísima de que no soy la única a la que, por ejemplo, recién llegada de Francia, le ha costado horrores mantener una conversación con una persona anglófona. Y es que, mantener la competencia lingüística en tres idiomas extranjeros, en mi caso, y sin olvidar nunca la lengua nativa, es bastante difícil. Hay épocas en las que, cualquiera que sea la razón, dedicamos más tiempo e ilusión a un idioma, dejando al resto atrás, apartado en pequeños y lejanos espacios de nuestro cerebro. Y, por supuesto, épocas en las que no estamos ejercitando nuestra competencia en ninguno de ellos, pues no siempre tenemos tiempo ni dinero para estudiar y ampliar nuestros conocimientos o para viajar. A pesar de que, afortunadamente, muchos nos ganemos la vida gracias a ellos, un día entero de traducción no implica necesariamente una mejora en la fluidez oral, por ejemplo, o en la misma expresión escrita, especialmente si trabajamos con textos de un vocabulario muy específico, como suele ser el caso.

Sin más dilación, puesto que creo que ya se ha entendido la cuestión, problema, o como le quieran llamar, lo que vengo a proponer en esta entrada es una pequeña ayuda para mantener al día nuestra competencia lingüística en uno o más idiomas extranjeros. Mi positivismo natural me lleva a pensar que ese vocabulario que creemos que olvidamos, esa falta de fluidez que pensamos que no volveremos a recuperar, NO se pierden, simplemente hay que  «despertar» ese espacio del cerebro al que los desplazamos en otro tiempo. Se trata, simplemente, de hacer juegos malabares con los idiomas. Así pues,  para no perder ninguna pelota, he tenido que hacer uso de numerosos recursos que tenemos a nuestro alcance:

  1. El primer recurso, por obvio, es el de estudiar. No faltan las academias a nuestro alrededor o, mejor aún, la Escuela Oficial de Idiomas. En la universidad, para el que estudie una carrera relacionada con las lenguas, nada que decir, para el que no, seguro que tiene la opción de matricularse en asignaturas optativas o de libre configuración a través de las que pueda aprender un idioma. Otra opción es la de hacerse con alguno de los miles de métodos que existen para aprender un idioma y llevarlo a cabo desde casa. Me gustan, especialmente, los métodos de inglés de Cambridge Grammar in Use, Vocabulary in Use y demás. Para aprender portugués, por ejemplo, recuerdo que el primer material que tuve entre mis manos pertenecía al método Português sem Fronteiras. Y estos son solo algunos ejemplos. Y es que yo soy de las que piensa que para aprender bien un idioma es necesario hincar los codos. Este año, por ejemplo, me he presentado por libre al examen de inglés avanzado de la E.O.I. de Almería, que si bien lo he hecho por otras razones, esa pequeña presión me ha sido útil para repasar algunos aspectos de la lengua inglesa.
  2. Desde casa, simplemente gracias a la conexión a Internet, podemos tener acceso a miles de recursos en la red para mejorar nuestra competencia lingüística en cualquier idioma extranjero. Recomiendo leer periódicos en otros idiomas, así como hacer uso de numerosos métodos de aprendizaje que se encuentran en la red. Algunas de las páginas que visito son las siguientes: BBC Learning English (inglés); Centro Virtual Camões (portugués); y Apprendre le français avec TV5Monde (francés).
  3. Otra forma de aprender idiomas, muy enriquecedora además, es la de hacerlo a través de la cultura. En mi caso, por ejemplo, cada vez que viajo a un país extranjero hago un hueco en la maleta para después llenarlo con libros. Me gusta leer obras en otros idiomas de vez en cuando, aunque siempre que lo hago leo al mismo tiempo otra obra en español, para no desanimarme. Y es que, evidentemente, no puedo leer a la misma velocidad en mi lengua nativa que en una lengua extranjera. Recomiendo no usar el diccionario, porque entonces sí que les resultará muy tedioso, leer algo que crea que va a disfrutar, y comenzar con algo sencillo. Otro modo de mejorar nuestra comprensión auditiva es el de escuchar música o la radio de un país extranjero, recurso muy utilizado por los estudiantes de lenguas. Y, por otro lado, aconsejo ver, siempre que sea posible, o siempre a secas, las películas en versión original subtitulada. Me consta que los dobladores de nuestro país son muy buenos, pero soy una gran defensora de la versión original, incluso cuando se trata de idiomas de los que no tengo ni idea. No se trata simplemente de escuchar las voces originales de los actores, con el tono que ellos han querido darle, sino también de las referencias culturales del país de origen de la película, que muchas veces tienen que adaptarse al realizar el doblaje. Es un mal momento, puesto que cada vez parece que existen menos cines que ofrezcan las películas en versión original, pero en mi caso soy prácticamente incapaz de ver una película doblada en la actualidad.
  4. En cuarto lugar, y no hay que avergonzarse pues todos lo hemos hecho, se encuentra el típico recurso de «poner la oreja», es decir, el de escuchar conversaciones entre extranjeros en nuestro propio país. En el autobús, en la calle, en un hotel, no duden en acercarse, disimuladamente eso sí, e intentar comprender la conversación. En la misma línea, podemos dar un paso más allá e intentar entablar conversación con estas personas, aprovechar cualquier ocasión para hablar en otro idioma. Cuando vean un grupito con guías y mapas por la calle o en una parada de autobús, perdidos, no duden en acercarse para así ser el primero al que pregunten o pidan ayuda y, si no es así, ofrezcan su ayuda, sin vergüenza alguna.
  5. No obstante, este tipo de conversaciones con turistas se reducen a proporcionar direcciones, recomendaciones de restaurantes y museos y poco más. Para entablar conversaciones algo más profundas, aconsejo buscar a alguien con quien realizar un intercambio de idiomas. Busque una persona extranjera que esté dispuesta a intercambiar su idioma por el suyo, es decir, a hablar un tiempo en inglés, por ejemplo, a cambio de hablar otro tiempo en español. Así, saldrán ganando ambos sin coste alguno. Es una experiencia muy buena que he llevado a cabo varias veces y pienso seguir haciéndolo. Además de conseguir una mayor fluidez en una lengua extranjera, tiene la posibilidad de pasar un buen rato e incluso hacer amigos. ¿Cómo buscarlo? Muy fácil, basta con colgar un cartelito informal, atractivo, en el lugar correcto: universidades, academias de español para extranjeros, o centros culturales extranjeros (Institut Français, por ejemplo).
  6. La última opción, aunque puede requerir de cierto poder adquisitivo, es la más atractiva: viajar.  Habrá escuchado mil veces que para hablar bien un idioma no hay nada como vivir en un país extranjero. Y es cierto. Así que, si al igual que yo no son millonarios, estén pendientes de todas las oportunidades con las que contamos para viajar a otro país con ayuda económica. Entre los estudiantes, las becas MEC son las más conocidas para realizar un curso de una lengua extranjera en otro país durante 3 semanas, pero existen también las becas MEC para maestros o profesores para hacerlo durante un mínimo 6 semanas. Gracias a esta última beca voy a viajar a Dublín este verano. Por otro lado, si les interesa la enseñanza del español como lengua extranjera, contamos con las becas para auxiliares de conversación o el programa Comenius. Existen muchas otras opciones, por supuesto, como realizar las prácticas universitarias en otro país, viajar por tu cuenta o a través de una ONG, pero éstas son las que mejor conozco.

Espero que esta entrada pueda serles de utilidad a la hora de aprender un idioma y, si conocen otras posibilidades, no duden en compartirlas a través de sus comentarios. Feliz verano a todos.

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Club de lectura en clase de ELE II

Como les prometí hace algún tiempo, volvería para contarles la segunda parte de mi experiencia como impulsora de un «particular» Club de lectura. No voy a repetir las bases del club, pues el origen y demás explicaciones de esta iniciativa ya fueron debidamente redactados en la anterior entrada, Club de lectura en clase de ELE I.

No obstante, me gustaría recordarles brevemente las principales características del club: está formado por niños de elntre 5 y 11 años, procedentes de varios países tales como Rumanía, Marruecos o Lituania, con diferentes niveles de español que dependen del tiempo que llevan viviendo en el país; contamos con un libro de registro y cada miembro del grupo posee su propio carné donde apuntan sus lecturas, autores y opinión; y celebramos una sesión al mes, aproximadamente, que tiene que ver con un tema concreto y en la que llevamos a cabo diversas actividades, desde la propia lectura hasta actividades de comprensión lectora y otras complementarias, como el visionado de películas relacionadas con el texto.

Una vez conocemos o recordamos la situación, procedo a describir las últimas dos sesiones celebradas en nuestra clase de español como lengua extranjera:

  1. Dedicamos la tercera sesión a la poesía, concretamente, a la poesía de Gloria Fuertes. Escogí este género porque hasta ahora solo habíamos leído textos del género narrativo, y quería que mis alumnos tuvieran la oportunidad de conocer otro más. Continuando con esta tercera sesión, creo que no es necesario explicar por qué escogí la obra de esta autora para un grupo de niños. Es sencillamente maravillosa, y no solo para los niños. Seleccioné tres de sus poesías: Doña Pito Piturra, El dentista en la selva y La vaca llorona. Dividí a los chicos en tres grupos y asigné a cada uno una de estas lecturas, considerando la primera la de mayor dificultad. Tras la lectura, los grupos tuvieron que contestar algunas preguntas de comprensión lectora y, finalmente, escribir su propia poesía. Para ello, les pedí que se fijaran en las que habían leído y escribieran algo similar. Por ejemplo, a las chicas que habían leído Doña Pito Piturra, les pedí que pensaran en un nombre de personaje largo y extravagante, y en los complementos que podría utilizar y que pudieran rimar. Les invito a leer estos poemas para que comprendan que no es nada imposible hacer algo así. Otra compañera de profesión me recomendó otra actividad paralela que, aunque nosotros no pudimos llevar a cabo por falta de tiempo, me gustaría compartir con ustedes. Se trata de realizar caligramas, bien con las poesías de Gloria Fuertes, bien con las que ellos escriban. Es una actividad que suele gustar mucho a los niños y muy creativa.

  2. La última sesión, celebrada hace solamente algunos días, tuvo que ver con los cuentos de Ana María Matute. La elección de esta autora fue algo realmente personal, las lecturas que más recuerdo me marcaran de pequeña son obra de Ana María Matute. En su página oficial, pueden encontrar muchos de sus cuentos, además del audio de algunos de ellos relatados por ella misma. Escogí los cuentos El niño que no sabía jugar y El duende y el niño. Todos los alumnos contaban con las dos lecturas, aunque las actividades las llevaran a cabo en parejas. Casi siempre trabajan en parejas o en grupo, es como considero que mejor aprenden, pero éste es otro tema. Así, tras la primera lectura, llevamos a cabo algunas actividades de comprensión lectora y de vocabulario. Después, les entregué el segundo cuento con algunos huecos en los que deberían escribir algunas palabras que quería que aprendieran en especial. Para ello, escuchamos un par de veces el cuento en la voz de su autora.

Pues bien, ésta ha sido mi experiencia en nuestro Club de lectura de este curso. Seguramente vuelva a repetirlo, en cuanto caiga en mis manos otro grupo de ELE, y entonces podré añadir otras actividades, ampliar la variedad de lecturas, etc. La base está aquí, y esta primera experiencia ha tenido un resultado muy satisfactorio en mi clase. Estas sesiones, diseñadas para mejorar su habilidad lectora y mucho más, han logrado la motivación de mis alumnos hacia la lectura. Ya no ponían cara de aburrimiento cuando se trataba de leer forzosamente, porque no se trataba de eso, se trataba de «nuestro club»

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Taller de traducción para niños

La semana antes de las vacaciones de semana santa, en abril, fui la encargada de impartir un taller de traducción para niños con motivo de la Semana Intercultural que se celebra cada año en el colegio Las Lomas. Nunca había hecho nada parecido. No se trata de un colegio desconocido para mí, puesto que trabajo desde el pasado curso allí impartiendo español para alumnos extranjeros como actividad extraescolar, además de acudir en más de una ocasión como voluntaria para llevar a cabo actividades inclusivas con los alumnos. Así, un par de semanas antes, hablando sobre los talleres que realizarían, me comentaron que aún necesitaban alguno más y que por qué no me encargaba de impartir uno sobre traducción. ¿Traducción para niños? ¿Están locos? Fue lo que pensé al principio, y dije que vería si era posible. Y sí que lo fue.

El colegio Las Lomas, en Roquetas de Mar (Almería), no es un colegio cualquiera. Se trata de uno de los centros con más alumnos de toda Andalucía. Además, estos alumnos provienen de más de treinta países diferentes. Así pues, no es de extrañar que se celebre esta Semana Intercultural desde hace ya trece años. Durante estos días, maestros, padres y alumnos trabajan para hacer del colegio un lugar donde se respire interculturalidad en cada rincón. Se colocan banderas y carteles en otros idiomas, realizan trabajos de investigación sobre otros países, se degustan comidas de otros lugares y, ahí entro yo, se llevan a cabo talleres durante el horario lectivo de los chicos. Este año, además, han contado con un planetario en el gimnasio a la hora del recreo. Volviendo a los talleres, estos tienen una hora de duración y pueden tratar cualquier tema, desde el estudio de una cultura en concreto, música de otros países (tambores africanos, por ejemplo), artísticos (cerámica o pintura)… En definitiva, cualquier tópico que tenga que ver con el intercambio de culturas y, sobre todo, que haga disfrutar a los niños. Mi taller, al igual que los demás, contaría con una hora de duración y estaría destinado a los alumnos de quinto y sexto de primaria. En total, siete clases repartidas en dos días.

¿Cómo nos entendemos?

El taller de traducción constaría de dos partes fundamentales: una exposición, no una en la que yo hablara sin parar, sino una exposición en la que constantemente participáramos todos; y una parte práctica, en la que deberían ponerse en la piel de un traductor o intérprete y reflexionar sobre el trabajo que tendrían que llevar a cabo. Durante la primera parte, mediante una presentación en PowerPoint, conseguí algunos de los objetivos que me había propuesto. Mediante sus propias experiencias y otros ejemplos que pudieran estimular su interés, conseguí que llegaran a ser conscientes de la importancia de esta profesión en el mundo hoy en día. Con «ejemplos que pudieran estimular su interés» me refiero a situaciones de traducción o interpretación que pudieran llamarles la atención de acuerdo con su edad: una entrevista a Justin Bieber (vídeo incluido), la traducción de facebook, los libros de Harry Potter y, por supuesto, el cine. Esta parte fue todo un éxito. Me resultó tremendamente difícil controlar su emoción cuando escucharon a Bob Esponja en inglés, o cuando vieron y escucharon en pantalla al cantante al que adoraban. Los niños ya sabían, por ejemplo, que este Justin hablaba en otro idioma, o que la mayoría de películas que ven están rodadas en otros idiomas, pero no eran conscientes de todo el trabajo que conlleva su traducción, o de que existen profesionales que se dedican exclusivamente a este tipo de trabajos. 

Una vez que ya conocían más de lo que muchos adultos saben acerca de la profesión, pasamos a la parte práctica. Hicimos grupos de alrededor de cinco alumnos cada uno, y a cada grupo le asigné un sobre. En este sobre se encontraba una situación de traducción o interpretación diferente con sus correspondientes preguntas de reflexión. En el exterior del sobre solo había escrito un número, cada grupo debería trabajar con su situación y después se compartirían experiencias. Gracias a este número, yo sabía a qué situación correspondía cada sobre y podía repartirlos de acuerdo con las características del grupo. Durante la exposición, ya había podido conocer más o menos los intereses de cada grupito. La primera situación de interpretación, por ejemplo, trataba de una entrevista que harían «Los Manolos» para su programa de deportes al futbolista Adebayor. Ahí explico que Adebayor lleva poco tiempo en el Real Madrid y quieren conocer su adaptación al club. El jugador procede de Togo, donde se habla francés. Y entonces es donde ellos deben reflexionar con preguntas como: «¿Cuánta gente estará involucrada en la entrevista?» «¿Qué conocimientos debe poseer el intérprete?» «¿Qué material necesitarán?» «¿Os parece un trabajo difícil?» Me interesaba especialmente que llegaran a la conclusión de que el intérprete no solo debía dominar el francés y el español sino conocer algunos aspectos básicos del fútbol. Otras situaciones de traducción o interpretación fueron la exportación de la serie «Patito Feo» a Estados Unidos y su necesidad de doblaje/subtitulado, la traducción de un videojuego o, algunos más «serios» como una cumbre entre representantes de varios países, o la invención de un coche ecológico por parte de unos científicos extranjeros. Todos funcionaron bastante bien. Por último, cada grupo expuso sus reflexiones sobre la situación con la que habían trabajado y todos aportaron también sus opiniones. Para conocer sus impresiones finales, les hice las tres últimas preguntas:

En cuanto a mis impresiones me quedo, en primer lugar, con lo divertida y enriquecedora que fue esta experiencia, que espero volver a repetir. No hubo lugar para el aburrimiento, cada clase era diferente y en cada una de ellas volvían a sorprenderme con sus ocurrencias. Me pareció muy interesante y creo que a ellos también, sobre todo porque el tema de los idiomas y las culturas no es para ellos nada extraño. Todos tenían algo que aportar, ya se tratara extranjeros que acababan de llegar al país, o los mismos chicos que habían nacido aquí que también tenían mucho que contar desde experiencias en sus viajes hasta su relación con los recién llegados y el acceso a la cultura (películas, por ejemplo). Así pues, no les extrañe que dentro de unos años entren en la facultad de Traducción e Interpretación un grupito de chicos roqueteros… Si no es así, al menos creo que he conseguido algo relevante, y es que sean conscientes del papel que juega esta profesión en esta «interculturalidad» que celebramos.

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Club de lectura en clase de ELE I

El objetivo de esta entrada es el de compartir una actividad que estoy llevando a cabo durante este curso en mi clase de español para inmigrantes. Como ya saben por algunas de mis entradas anteriores, soy una gran defensora de la literatura como medio de aprendizaje y desarrollo, tanto para adultos como para niños. Así que se me ocurrió que podría organizar un club de lectura en mi clase para fomentar la lectura entre mis alumnos, en lugar de simplemente «obligarlos» a leer de vez en cuando.

La idea estaba ahí, lo difícil sería llevarlo a cabo, puesto que solo había formado parte de un club de lectura en mi vida y había sido entre adultos. Esta experiencia en cuestión tuvo lugar durante mi estancia en Francia, cuando mi tutora en Nantes del programa Comenius me invitó un día a unirme a su pequeño club de lectura entre amigos. Me encantó. Una vez al mes se reunían para hablar de sus lecturas, no tenían que ser recientes, simplemente hablaban de la que quisieran. Eso sí, todo muy formal, con libro de registro y demás. Además, en cada sesión nos hartábamos de comer y beber :p

Así pues, y no me desvío más, el reto era llevar este particular club a niños de entre 5 y 11 años, cada uno de un país y con un nivel de lectura en español muy diferente. Pensando, me di cuenta de que en realidad no tenía por qué ser tan diferente. Las lecturas había que adaptarlas a su nivel e intereses, pero no la formalidad del grupo. Así, creé un libro de registro en el que escribimos todo lo que pasa en cada sesión, además de un carné para cada miembro del grupo en el que van apuntando sus lecturas. Es muy importante que consideren el club como una actividad «seria». Incluimos, además, actividades paralelas a la lectura. También celebramos una sesión por mes. Hasta ahora hemos celebrado dos sesiones, que han consistido en lo siguiente:

  1. La primera sesión se tituló La literatura y el ballet. La temática era el ballet, y se trataba de leer una serie de cuentos relacionados con este arte. Así, adapté las historias de La Bella Durmiente, El lago de los cisnes y El Cascanueces a una lectura adecuada para su nivel. Cada tres o cuatro alumnos trabajaban con uno de los cuentos, que leyeron en casa y después trabajamos en clase gracias a sus reflexiones sobre las historias, algunas actividades en grupo y, por supuesto, los vídeos de sus correspondientes representaciones en ballet. Les gustó especialmente ser capaces de adivinar a qué cuento correspondía cada vídeo.
  2. La segunda sesión, celebrada hace un par de semanas, se centró en el personaje de Manolito Gafotas. Busqué dos extractos entre sus libros, concretamente de Manolito on the road y los volví a dividir, esta vez en dos grupos. Los leímos en clase, comentamos nuestras impresiones sobre este magnífico personaje. Estábamos listos para ver la película en la próxima clase. También fueron capaces de identificar a personajes de la lectura en la película. Para una clase de ELE, ésta es una película muy recomendable, puesto que está plagada de referencias culturales de nuestro país. Por lo tanto, una sesión muy interesante.

Hasta ahora es todo lo que hemos podido hacer. Espero que de aquí a final de curso podamos llevar a cabo otras dos sesiones. Volveré entonces a contarlo =)

 

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La profesionalidad del cliente

No cabe duda de que la blogosfera está repleta, y con razón, de numerosas entradas acerca de la profesionalidad del traductor: el trato con el cliente, las tarifas, la calidad de su trabajo, etc. Sin embargo, no he leído nada acerca de la «profesionalidad del cliente», es decir, el comportamiento esperado del cliente hacia el traductor o, por simplificarlo, hacia un profesional. No nos corresponde a nosotros hablar de este comportamiento, es cierto, pero no por ello es algo que no nos planteemos.

Con este «comportamiento esperado» del cliente no me refiero a que éste deba ser un cliente perfecto para el traductor, un cliente que entienda todos y cada uno de los aspectos de nuestro trabajo. Simplemente me refiero al savoir-faire con que el cliente debería tratar con un traductor al requerir sus servicios, por el simple hecho de ser este último un profesional. Y me reitero, no ya porque se trate de un traductor, sino porque se trata de un profesional.

Puede ser que, si ahora estoy escribiendo esta entrada, se deba al desconocimiento por parte de los clientes de esta profesión, un tema sobre el que también se ha hablado mucho. No todos, pero sí algunos, creen que se trata de una profesión (en los casos en que la consideran profesión) no muy necesaria: cualquiera que sepa idiomas puede traducir. A veces, incluso, el cliente piensa que nos estamos aprovechando de su situación, sobre todo cuando hablamos de traducciones juradas. Así que, ya sea por estas razonas u otras, no es extraño que en el mundo de la traducción nos encontremos con este tipo de clientes.

A pesar de mi corta experiencia, y basada especialmente en la traducción jurada, creo que es ésta una opinión extendida entre muchos de los traductores. La idea de escribir esta entrada me la han servido en bandeja algunos de mis últimos clientes que, como he mencionado antes, han requerido mis servicios como traductora jurada. Y es que, al menos en mi caso, este campo cuenta con unas características especiales: por lo general, el cliente contacta conmigo directamente, y no mediante una agencia. Donde vivo, además, mis clientes suelen ser inmigrantes que desconfían hasta de su sombra. Por otro lado, no dispongo de una oficina, sino que trabajo desde casa, lo que no siempre es algo positivo. Así pues, y vuelvo a repetir, desde mi limitada experiencia, me gustaría compartir con ustedes las características de algunos de estos clientes, lejos en mi opinión de las cualidades que deberían caracterizar al «cliente profesional»:

  • En cuanto al precio, tema polémico (cuando no debería ser así), simplemente diré que no me veo pidiendo a la cajera del Mercadona una rebaja en mi compra «porque voy a hacer mis compras del mes en su supermercado», o diciéndole «qué te cuesta ponerme un yogur más por el mismo precio, si son iguales». De acuerdo, no es el mejor ejemplo, puesto que esta empleada no tiene competencia para rebajar el precio del producto, pero me hacía gracia y cualquier traductor entenderá la comparación perfectamente. Con cualquier otro profesional, autónomo y que sea su propio jefe, no creo que me atreviera tampoco a pedir esta rebaja. Creo que no tengo que decir nada más, ya está más que demostrado que una traducción vale su precio por muchas razones que no merece la pena volver a explicar pero, ante todo, porque es un trabajo. Un trabajo de calidad. No obstante, ya no me extraño ante el regateo. A veces siento que estoy en un bazar…

  • El tiempo en el que se lleva a cabo la traducción es otro aspecto similar al precio. El traductor debería ser quien diga cuánto tiempo va a necesitar para realizar un buen trabajo, no el cliente quien se lo imponga. Por supuesto, la flexibilidad del autónomo le puede permitir negociar este aspecto, dar prioridad a un trabajo antes que a otro, por ejemplo, pero es cosa del traductor. En más de una ocasión me han rogado una traducción para esa misma noche y luego la han recogido a la semana. Por favor, nos dedicamos profesionalmente a la traducción, pero no somos esclavos de este trabajo. Tenemos vida más allá de los diccionarios.
  • Contacto «con tacto». En mi caso, el trato con el cliente es directo, más directo imposible. Vamos, que tengo que recibirlo en mi propia casa. Eso sí, con la toda la profesionalidad del mundo. Esta situación específica de muchos traductores autónomos puede hacer que el cliente caiga en el error de que crea que puede llamarte a cualquier hora del día y en fin de semana o, incluso, que puede tocar a tu timbre nuevamente a cualquier hora del día y en fin de semana. Intento evitar esta situación a toda costa, no suelo responder al teléfono si no son horas, y menos en fin de semana y mucho menos, por supuesto, abrir la puerta. Pero, aun así, se ha convertido en algo normal y ya no me extraño por nada. Como tampoco me extraño, por otro lado, de la familiaridad con la que me hablan algunos clientes, no digo yo que me traten de usted, que yo lo haría, sino con un mínimo respeto, puesto que somos dos adultos que no nos conocemos.
  • El desconocimiento del que hablaba al principio también ha llevado a algunos de mis clientes a dudar de la calidad de mi trabajo, si bien no lo han expresado explícitamente, «lo han dejado caer». ¿Cómo? Con preguntas tipo: ¿Seguro que tienes el sello del ministerio? ¿Has hecho más trabajos de este tipo? ¿Hablas inglés? O comentarios del tipo: ¡Vaya dineral que me voy a gastar en algo que podría hacer yo mismo! Así como miradas que quieren decir: eres una persona sin escrúpulos. Etcétera, etcétera.
  • Todas estas incómodas situaciones podrían evitarse, simplemente, si el cliente tuviera un mínimo respeto por nuestro trabajo. Se trata de buenas maneras, de buena educación. Ya no hablo de que el cliente se dirija a nosotros con respeto porque somos traductores, ni siquiera por el hecho de que somos profesionales, sino por la sencilla razón de que somos personas, y toda persona merece respeto. Es básico, ¿no?

Por último, creo que por mucho que escribamos y debatamos sobre este tema, y aunque la traducción se valore cada vez más, la única herramienta con la que podremos defendernos ante nuestros clientes es la profesionalidad. Más y más profesionalidad ante su «incompetencia» como cliente.

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Dime qué lees y te diré cómo te sientes…

… O dime cómo te sientes y te diré qué leer.

Todos hemos pensado, al poco tiempo de coger un libro y leer las primeras páginas con mucho esfuerzo: “no es el momento para leer este libro”. Al igual que sucede con el cine o la música, por ejemplo, nos puede apetecer más o menos leer determinada literatura en cierto momento, lo que puede depender de nuestro estado de ánimo. Por lo tanto, me dispongo a redactar esta entrada destinada a recomendar algunos libros, de forma que, en lugar de que tengan que dejar el libro y probar con otro, con el correspondiente desánimo que esto conlleva, ya sepan cuál les puede apetecer en función de su estado de ánimo. Defensora de la lectura, como ya dejé constancia en mi primera entrada, quizás pueda ayudar así a los más perezosos a animarse a leer sin excusas o, simplemente, aconsejar una serie de libros con los que he disfrutado y espero que disfruten muchas personas más. Todo ello, por supuesto, desde la más absoluta subjetividad, y desde mi limitada experiencia como lectora. No he leído, ni mucho menos, todo tipo de literatura, ni a todos los autores, ni he leído tanta poesía como novelas, por ejemplo. Así que, una vez avisados, presten atención a mi primera lista de recomendaciones literarias:

  1. Empecemos con una obra delicada, elegante y, dentro de mi experiencia, la demostración de que el libro que tengamos entre manos tiene mucho que ver con nuestros sentimientos. Hace varios años me topé con Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Comencé a leer, cada vez me costaba más esfuerzo continuar, hasta que lo dejé aparcado. Sin embargo, algunos años después, le volví a dar una oportunidad y me encantó. Disfruté de esta historia romántica, contada a través de la fina ironía de Jane Austen, una mujer totalmente adelantada a su época en cuanto a ideales y moral se refiere. No se pierdan esta novela, ahora mismo estoy leyendo Sentido y Sensibilidad y también la estoy disfrutando muchísimo. Por supuesto, no se les ocurra ver ninguna película basada en esta novela antes de leerla.

  2. Siguiendo el hilo del amor como tema principal pero, en este caso, de forma mucho más pasional, llegamos a una de las últimas obras que he leído y casi vivido, Anna Karenina, de León Tolstói. Si sus sentimientos están a flor de piel, ahora tristeza ahora euforia, no los escondan y siéntanlos crecer mientras leen esta magnífica novela. Inolvidable.

  3. Soltemos la tensión acumulada, relajemos nuestros sentimientos y riámonos durante un tiempo. Se divertirán leyendo La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Eso sí, a veces pensarán aquello de “me río por no llorar”. Ironía, inteligencia, desigualdades, todo eso y mucho más a través de sus dos protagonistas, que sin duda les cautivarán.

  4. No quería olvidarme, por otra parte, de los best sellers. Desconfiada como la que más de este tipo de literatura, no me gustan las posturas radicales y he accedido a leer algo de este tipo. Hace un par de años me sorprendió gratamente, por ejemplo, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Una historia maravillosa, protagonistas que enamoran, una trama que atrapa desde la primera página e, incluso, alguna que otra lágrima derramada. Si se sienten capaces de aguantar el misterio y sentirse aventureros, no duden en leer esta historia.

  5. Para los últimos puestos he reservado a dos de mis autores favoritos, si no los que más. Por lo tanto, cualquier atisbo de objetividad que pudiera existir en esta entrada, desaparece en su totalidad a partir de este momento. Hablaré, en primer lugar, de José Saramago y, en concreto, de su Ensayo sobre la ceguera. Se trata, como ya he dicho, de uno de mis escritores favoritos, así como de uno de mis interlocutores favoritos. Nunca me cansaré de leer cualquier cosa que él haya escrito o dicho. ¿Por qué? Porque, tal y como afirma Pilar del Río, su viuda (granadina además), “cuando acabe de leer a Saramago se sentirá más listo, más alto, más guapo, más rubio, más bueno. Porque se sentirá respetado como lector, porque tendrá que poner mucho de su parte para entender y se dará cuenta que usted es más sabio de lo que creía.” He leído varias de sus obras, pero siempre me gusta recomendar ésta para empezar. Si adora el sarcasmo que impregna esta obra, podrá continuar con el Ensayo sobre la lucidez o Las intermitencias de la muerte. Si no han tenido ningún contacto con su obra, por favor, vean este corto animado basado en su relato A flor mais grande do mundo, y díganme si no les apetece leer algo suyo.

  6. Por último, un imprescindible, para mí, EL imprescindible, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Al igual que me ocurre con Saramago, no hay nada que haya leído de su autoría y no me haya gustado. Si les apetece entrar en un mundo mágico y vivir una historia que jamás olvidarán, abran ya este libro. Hará algunos años, lanzaron una edición especial que incluía un árbol genealógico, muy útil, ya que esta novela narra la historia de una familia muy muy amplia, donde se mezclan infinidad de nombres y apellidos muy parecidos o iguales. Por lo tanto, aquí sí, debe apetecerles leer el libro y no perder el hilo.

No he querido hablar mucho más acerca de estas obras porque considero más interesante que las descubran por ustedes mismos. Tampoco sé si habrá sido suficiente para convencerles a leer algunas de estas obras si aún no las han leído o, si lo han hecho ya, si están o no de acuerdo conmigo pero, como dije, es solo una opinión personal. Todos los comentarios son bienvenidos :)

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Año Europeo del Volunta…qué?

Parece que este año 2011 va a ser el año de las revueltas en el mundo islámico, de la crisis y el trabajo en Alemania, o de la ley Sinde pero, de lo que apenas hemos hablado es de que, en este año 2011, se celebra el Año Europeo del Voluntariado. Este Año Europeo del Voluntariado surgió gracias al Comité Económico y Social Europeo, que pidió a la Comisión Europea “que proclamase un Año del Voluntariado y publicara, lo antes posible, un Libro Blanco sobre el voluntariado y la ciudadanía activa en Europa”, como bien se explica aquí. Pueden encontrar más información en la página del Año Europeo del Voluntariado y en la página del Año Europeo en España. Me gustaría aprovechar, pues, esta particularidad del año 2011 para relatar mi experiencia como voluntaria y animar a quienes aún no se hayan involucrado en esta aventura a que lo hagan, convencida de la importancia del voluntariado en el desarrollo de una civilización.

Las ventajas del voluntariado no se reducen a la ayuda que puedan proporcionar, sino a lo que les pueda aportar a ustedes (aunque suene a tópico) y, por qué no, a adquirir experiencia en el campo en que trabajan. Sin duda, se aprende y evoluciona muchísimo llevando a cabo esta tarea y, por supuesto, se conoce gente muy pero que muy interesante. El voluntariado consiste, en mi opinión, en ayudar haciendo lo que sabes hacer porque, no por tratarse de una actividad voluntaria, debe llevarse a cabo con menor profesionalidad. Muchos voluntarios, incluyéndome a mí, comienzan a serlo en un momento en que necesitan ocupar su tiempo, sentirse útiles. En un reportaje reciente escuché que, en estos tiempos de crisis, había aumentado considerablemente el número de voluntarios entre los parados, la mayoría por debajo de los treinta años. Este colectivo está formado también por numerosas personas jubiladas. Perdón por no poder citar las fuentes, no recuerdo dónde lo he escuchado, pero me parece que es un dato que podemos comprobar a través de la simple observación. Pero, no nos engañemos ni busquemos excusas porque, para ser voluntario, no es necesario tener mucho tiempo libre. Existen numerosos tipos de voluntariado, no se trata solo de ayudar en comedores sociales o viajar a un país del tercer mundo a construír escuelas. El voluntariado es mucho más que eso. Tenemos la posibilidad, incluso, de trabajar en línea, desde casa. Gracias a las nuevas tecnologías, es muy fácil ayudar desde nuestro propio hogar. Paso, pues, a relatar mis experiencias como voluntaria y las formas que conozco de serlo que, por supuesto, no son todas.

Mi primer contacto con este tipo de actividades fue cuando, recién terminada la carrera, buscaba trabajo y, ¡sorpresa! Resulta que no era una tarea nada fácil… Así que, mientras tanto, decidí que tenía que hacer algo, gastar mis energías en una tarea útil. Por entonces vivía en Madrid y contacté con la Cruz Roja. Realicé un curso básico sobre la institución, me entrevistaron para saber qué me interesaba y en qué podía interesarles yo a ellos y, en cuanto nos pusimos de acuerdo, me puse manos a la obra. Trabajé en un centro de día infantil, un solo día a la semana, varias horas. Mi tarea consistía en recoger a un grupo de niños en su colegio, conducirlos al centro y allí, actuar como monitora: jugábamos, merendábamos, leíamos, etc. Se trataba de un centro al que asistían niños provenientes de familias en dificultades económicas o en riesgo de exclusión social, familias monoparentales o que trabajaban durante todo el día. En definitiva, una experiencia muy bonita y gracias a la que se puede conocer a gente muy interesante. Para ser sincera, duró poquito porque el trabajo que conseguí me impidió seguir asistiendo.

Echar una mano a un amigo”, otro tipo de actividad en la que todos hemos participado, aunque no se considere voluntariado. Todos hemos ayudado en alguna ocasión a algún amigo o familiar, le hemos ayudado con algún examen o, como es mi caso, hemos hecho alguna que otra traducción. Cada año, traduzco una carta a inglés, francés y portugués para el colegio Las Lomas en Roquetas de Mar, dirigida a los padres inmigrantes. Se trata del colegio con mayor número de nacionalidades de origen de los alumnos en Andalucía y, si puedo ayudar a que se adapten mejor, pues tan contenta. Y, en un ámbito totalmente distinto, también he subtitulado un par de cortometrajes para el joven cineasta José Luis Estévez: Mar y Casas de humo (aún solo disponible el tráiler). Una experiencia increíble la de ayudar en este mundo ya que, además, estuve presente en el rodaje de Mar.

Y, en la actualidad, llevo a cabo actividades de voluntariado basadas en dos ámbitos principales: la traducción y la educación. En cuanto a la traducción, hace algún tiempo me registré en UN Voluntarios de forma que, cada vez que existiese una oportunidad de traducción que se ajustara a mi perfil, la hicieran llegar a mi correo. Me inscribí en varias de ellas hasta que, por fin, tuve mi primera oportunidad: traducir una noticia de ACNUR en Brasil de portugués a español. De nuevo, una muy buena experiencia, tanto por el trabajo, como por la facilidad de comunicación con la persona de contacto. Al poco tiempo, tuve el placer de poder traducir otra noticia también de portugués a español. Es una enorme satisfacción poder leer mis traducciones en línea, aunque no aparezca mi nombre. Se pueden encontrar aquí y aquí. Además, Naciones Unidas emite un documento que certifica que has realizado una actividad de voluntariado para ellos.

Por último, en relación con el campo de la educación, llevo a cabo algunas actividades de voluntariado en el colegio Las Lomas. Las profesoras de ATAL (adaptación temporal al lenguaje) diseñan actividades basadas en la educación inclusiva, aprendizaje cooperativo, grupos interactivos, etc. Se trata de una forma de educar diferente, más eficaz y divertida para los niños. Recuerdo que, cuando presentaron sus ideas ante el resto de maestros, estos las vieron con buenos ojos pero eran conscientes de que era necesaria una ayuda. Ahí entraba yo. Gente muy interesante, desde luego. Pueden saber más acerca de sus actividades en el blog Utopía y Educación.

También pueden registrarse en hacesfalta.org, donde podrán encontrar numerosas  oportunidades de voluntariado, aunque yo no he participado aún en ninguna de ellas. Espero, por último, haberles animado a empezar o continuar ayudando sin esperar nada a cambio, simplemente porque creen en lo que hacen. Y, repito, a riesgo de sonar a tópico: recibes más de lo que das.

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«Eso no es cosa mía»

Siempre me he preguntado por qué, al entrar a un restaurante, la clientela se espanta al coger su servilleta para colocarla encima de sus muslos y descubrir que debajo de la misma, en el mantel, hay una pequeña mancha… ¡horror! Sin embargo, olvidado el mal rato, abren la carta, y no se inmutan al leer: *Menu degustacion. Tal cual, como si las tildes tuvieran la peste. Pero nada, el grupo de amigos, o la familia un día de domingo al completo, continúan leyendo como si nada. Es posible que, entre toda la gente sentada en las mesas de este restaurante, uno de cada diez se ría o haga un pequeño comentario, o que uno de cada cien tenga consciencia lingüística y se indigne. Uno de cada cien. Y no me estoy refiriendo ya solo a malas traducciones, que probablemente no hayan sido realizadas por un traductor (sino por el «sobrino del jefe que pasó un mes en Londres»), quizás ni por una persona. Éste sería otro tema que, por cierto, me recuerda especialmente a los dardos de Lázaro Carreter, como Se habla español, por poner un ejemplo. Pues no, no me refiero a las traducciones sino a nuestra propia lengua nativa en su forma escrita. ¿Por qué no reclamamos al camarero esta falta de ortografía? ¿Por qué?

Los ejemplos de mal uso de nuestra lengua pueden ser numerosos, y podemos encontrarnos con ellos constantemente así que… ¡cuidado! Pueden estar en cualquier parte: en la calle, en forma de rótulos o carteles, en tu propia casa, en la televisión y resto de medios de comunicación, en una postal navideña, en la carta de un restaurante o incluso en tu propio teléfono… *Te hecho de menos. Tkiero. Todos ellos, de diferente magnitud o importancia, podríamos decir, aunque un *Te hecho de menos o un *Tkiero, ya sea por prisa o falta de espacio, no merece ni una respuesta. Pero bueno, no seamos tan radicales con los enamorados. Eso sí, me parece vergonzoso que un organismo público escriba perlas como *Gerencia de mobilidad; que vayamos a pedir información turística y nos encontremos con este cartel, bien grande del *Pratonato de Turismo; que leamos una noticia en el teletexto y tengamos que preguntarnos qué es un *avión hambulancia; o que, siguiendo con el primer ejemplo del restaurante, un local que intente atraer clientela, cuide todo excepto el idioma, la herramienta con la que deberá comunicarse con sus clientes. No es mi intención recopilar miles de errores a los que sobrevivimos día a día sino invitarles a la reflexión. No obstante, si desean divertirse o indignarse un poquito, pueden deleitarse con algunos de ellos en la siguiente «Gincana de erratas»: http://www.uniondecorrectores.org/gincana/fotos.htm.


Algo en lo que debemos coincidir todos, al menos, es en que la lengua es nuestra principal herramienta de comunicación. Por lo tanto, volviendo al ejemplo del restaurante, podemos afirmar que uno de los objetivos de su propietario será el de comunicarse con sus clientes. Comunicar, por ejemplo, sus mejores platos y precios a través de su carta. ¿No se comunicará mejor, por lo tanto, cuanto mejor uso haga de su lengua? Todos necesitamos comunicarnos constantemente. El idioma no es una herramienta exclusiva de escritores, filólogos o traductores. Entonces, una de las primeras respuestas con las que podrían reaccionar quienes desprecian nuestra lengua, la de «eso no es cosa mía», quedaría desechada. No me digan que «no es cosa suya», porque sería como si un traductor dijera que las nuevas tecnologías «no son cosa suya», que la suya es una profesión relacionada solo con las letras. La segunda de las causas de este desaire a la lengua podría ser la influencia de las nuevas tecnologías, como podemos escuchar constantemente en la calle y en los medios de comunicación: «la culpa es de los teléfonos móviles y de los ordenadores». Qué fácil es echarle la culpa a los jóvenes: «los jóvenes ya no se interesan por nada». No voy a negar que las nuevas tecnologías hayan influido negativamente en algunos aspectos relativos a la juventud. Sin embargo, me atrevería a afirmar que su influencia ha sido más positiva que negativa. Además, cómo este propietario de restaurante puede recriminar a su hijo adolescente que escriba un mensaje con faltas de ortografía, mientras que él escribe de la misma forma en su carta. Al menos el texto del hijo quedará en un teléfono, en dos como mucho. O, dejando en paz al pobre restaurador, cómo un profesor de historia puede suspender a su alumno por una falta de ortografía, cuando su presentación que hizo en clase, o los apuntes que dio a sus alumnos, están plagados de errores. No nos precipitemos, pues, en buscar culpables.

Finalmente, la última respuesta que se me ocurre para este desdén al idioma podría ser, al mismo tiempo, una solución. La lectura. En mi caso, no tengo ninguna duda respecto al papel que la literatura ha desempeñado en mi aprendizaje, especialmente en el de la expresión escrita. No recuerdo apenas, sin embargo, mis lecciones de gramática u ortografía en el colegio, pero considero que puedo comunicarme medianamente bien. Y esto ha resultado gracias a mi amor por la literatura. No pretendo, en cambio, que la solución esté en leer la misma literatura, en que todos leamos los clásicos, por ejemplo. Hay mucha buena literatura, y diferente. Por lo tanto, considero que el fomento de la lectura, desde la familia y desde la educación en el colegio, es una solución indiscutible. Alguien podría llevarme la contraria unos años atrás, cuando el acceso a la literatura e incluso a la educación básica no era el mismo para todos. Pero, en la actualidad, todos tenemos derecho a la educación, y tenemos a nuestro alcance numerosos recursos que nos pueden ayudar a mejorar nuestra expresión escrita. Podemos, por ejemplo, consultar a la gente que tenemos alrededor o a especialistas, podemos consultar foros de internet o la mismísima página web de la Real Academia Española y su Diccionario Panhispánico de Dudas, tenemos acceso a bibliotecas, etc. No puedo concebir, por consiguiente, excusa alguna para una mala expresión escrita. No pretendo, por otra parte, que todos nos convirtamos en excelentes escritores, ni que nadie cometa una sola falta de ortografía, puesto que todos somos humanos. Simplemente intento, desde mi estrecho campo de actuación, que desaparezca esta indiferencia hacia nuestra lengua.

No creo haber solucionado nada gracias a esta entrada. Tampoco era mi intención. Espero, sin embargo, invitar a la reflexión sobre este punto y comprobar, como supongo, que no soy la única a quien inquieta este desprecio a nuestro sistema de comunicación verbal. Llegados a este punto, debo confesar que esta entrada estaba escrita desde antes de navidad por lo que, como punto final, pedía a los lectores que escribieran correctamente sus postales navideñas. Es obvio que ya no vendría al caso pero, puedo en su defecto, pedir que escriban decentemente sus postales de San Valentín ;)

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Bienvenidos

Bienvenidos (bienvenidos y bienvenidas si queremos ser políticamente correctos) a Hablando se entiende la gente. La intención de este blog es la de compartir mis experiencias, dudas e inquietudes acerca de los temas que más me interesan. Entre ellos, principalmente, la traducción, la enseñanza de idiomas y la literatura. Todo ello, desde el punto de vista de una joven profesional, joven pero inquieta y siempre deseosa de aprender más y mejorar en mi carrera laboral.

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